POEMA "EN PRIMERA PERSONA"
Miro,
lobregueces de extensiones de desiertos aridescos,
la realidad del instante y la penumbra del olvido,
recapacitares a medias, intentos un poco burlescos,
con el éxito ilusorio que ni alcanzando percibo.
Veo amor y veo crueldad en este mundo en que existo,
desposeídos y pudientes, los salvos, los condenados,
el atardecer elocuente de un desenfoque gaussiano
y la mísera silueta del amor que se ha perdido.
Percibo,
el tiempo magnificente, distinto en distintos lugares,
civilizaciones lujosas, poderosas, también clásicas,
y subculturas gimientes cruzando cielos y mares
feneciendo en aquella conquistante hora extática.
El aura que emanan los seres, sin el tecno aditamento,
con sus distintos colores y trascendente expresar,
homiléticas palabras de externo convencimiento
de un negar castaño-oscuro y miserable a la verdad.
Dibujo,
el rostro absorvente y suave de aquella bella mujer,
la ternura quinceañera de mágico contemplar,
o la faz aseñorada de la que ha parido un ser
y deja ver en su rostro aquel amor maternal.
El fémino cuerpo sensual que las fantasías evocan
e inspira para plasmar a sombras o al mágico óleo,
con el pincel irradiado que al pintar su cuerpo toca
extasiando el masculino sensible hormonal corpóreo.
Alcanzo,
mi conciencia apogeante en delírica identidad
con el sentir convincente de aquello que nunca pasa,
la conciencia del Supremo viaja en atomicidad,
por cardúmenes no vista, por materialistas masas.
El yo individualizante en proyección servicial,
diferente al mundo absorto en delicias y en placeres,
con sus mentes transgénicas, sin progenie cultural,
caminando sin andar y así errando mientras mueren.
Alcanzo,
en un estante las letras que mi alma harán conmover
para extraer del mundo entero sabificante jalea,
el prolijo simbolismo que interioriza en mi ser
las parábolas sublimes del Maestro de Galilea.
Y contemplo el ejercicio discursante del saber
del sin fin de cristianos que aún hablando la palabra piden,
y en elocuente retórica tratan aún de convencer
a un Gandhi que silencioso los mira, escucha y sonríe.
Analizo,
el mar de contradicciones de nosotros los humanos
y al decir esto me miro en ese acusante espejo,
lo que quiero hacer no hago y hago lo que no quiero,
bien lo dijo aquel viajero, el buen apóstol San Pablo.
Por eso y aunque evito palabras groseras, toscas,
y por ello las aparto y no las quiero decir,
en momentos en que todo se complica, se empeora,
a alguien digo que su madre no lo ha sabido parir.
Analizo,
Al pastor que convincente habla del amor humano
con palabras elocuentes, frases lindas y sencillas;
busca adeptos y por ello ahora está conferenciando
sobre el amor de Dios y su presencia en la familia.
Y luego en su propia casa el mensaje va borrando
con sus modales malditos, denigrando de la fe
y pensar que en las mujeres que a casa van delirando,
soñando como sería el ser la esposa de aquel.
Sufro,
con la indefensa criatura que al piso sufriendo cae
de su nido tan estrecho ante su propio caer,
por aquel infante morbo que con su patada trae
la muerte antes de tiempo para aquel pequeño ser.
Los esfuerzos que prolongo por la delicada ave,
que estuvo predestinada para el cielo así adornar,
no sanan el cuerpecito de sus dolorosos males,
tras la lágrima más viva la decido abandonar.
Acepto,
la profundidad y limpieza del inocente reclamo
por el incomprender docto del castigo que le llega,
mi silencio se perturba, soy por ella cuestionado:
brotan directas palabras: “Papi, ¿por qué me pegas?
Escribo,
cuando la lava surge del volcán de la virtud,
el etéreo pensamiento ido y circundante se halla,
la sensibilidad herida con increíble exactitud,
ebullen de mis adentros y las ideas se me estallan.



nicky-marrero dijo
Un poema precioso, muy sensible.
Un besote, MDSS
9 Noviembre 2007 | 11:11 PM