
¡Valiente mujer que apretujaste en tu pecho esperanza y fe a raudales!
Aunque desfalleciste por momentos debido a aquellas penurias y crueldades, sacaste fuerzas interiores que sobrepasaron soledades y enfermedades, miedos y angustias y ni un milímetro de la grandeza de tu ser se rindió. Tu mirada fue el detonante que dio fortaleza a aquellos que mordían contigo el polvo de la derrota, en medio de la impotencia, la dignidad pisoteada por el suelo, en manos de aquellas hienas carroñeras.
Aún con el pasar de meses y años en aquellos alambrados de terror, el fusil de tu verdugo jamás te amilanó lo suficiente. La foto viva de tus hijos te habló en el momento justo diciéndote: "Madre, soporta y sé fuerte!"
Con qué grandeza y dignidad enviaste el mudo mensaje de inconformismo con quienes en el negocio del secuestro juegan a ser "humanitarios" primero ocultando a sus familias el paradero de sus queridos y luego, proponiéndose filmar un video en el momento en que sus caparazones sin entrañas lo dispongan. Tu silencio, tu debilidad física, tu protesta callada pero de coraje avasallador dieron el discurso más elocuente...
Es que tantos millones han acumulado en su accionar violento haciendo cumplir a otros las cláusulas de los contratos hechos a su medida (exigiendo sumisión completa a cambio de nada), tantas vacunas y comisiones a industriales, ganaderos y comerciantes, que ahora, ¡cual infernal aduana quieren cobrar impuesto a la libertad, a la dignidad, a la vida misma!
Sobreviviste al infortunio en el que muchos han perecido; con la luz de tu aleccionadora experiencia y al candor del fuego de tu pulcro corazón, estás llamada a ser la líder de la transformación social, la que derrumbe simas, la que sea más que una fría estadística maquillada, la que emocione a la patria con su corazón de mujer.


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