Me encuentro aquí y ahora

intentando airear mis pensamientos

mientras esta humana casa

desde mis entrañas se asfixia;

libero mis angustias contenidas,

toma forma sólida y externa mi pensamiento

y surge un aluvión fuerte,

cataclísmico e intenso,

en medio de aguas calmadas,

compenetradas y tímidas.

Miro expectante, entonces,

la majestad del vasto horizonte

y miro tratando de divisar

la esperada y bienechora nube

que la amplitud azulosa

de mi visión veo que la esconde,

dejando sin fe y sin alma

mi esquelético armatoste,

contrastado con el ímpetu

que en otras lides yo tuve.

¡No parecieras llegar a mí,

lumínica gran certidumbre

para que con fiereza desafíes

esta ondeante y queda ansia!

Sin oxígeno, en ascenso,

veo más lejana la cumbre

y mi fe a retazos,

carne que se pudre y cae,

ve el entierro mismo

de mis más grandes esperanzas.

Suspiro y suspiro, sin embargo

y entonces, tembloroso me detengo:

¡Lo que llevo ya no es fe

sino irracional terquedad!

Me miro absurdo y solo

en resignado silencio,

con el Cosmos que me avasalla

pero que sabe que espero

que se pueda abrir la puerta

que ahora cerrada está...