Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el SEÑOR tu Dios. Éxodo 20:12 NVI

Dios quiere que -después de Él- se honre a los padres, que nos han dado la vida y transmitido el conocimiento de Dios; pero el mandamiento abarca también las relaciones de parentesco con otros miembros del grupo familiar, como los abuelos y antepasados, a los que debemos igualmente honor, afecto y reconocimiento.

El quinto mandamiento nos habla de los valores de la familia. El libro de Efesios en el Nuevo Testamento, vuelve a mencionar este mandamiento (6:1-3) "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo". En el mismo contexto de la mencionada cita, el apóstol narra los deberes y derechos de cada parte dentro de la vida familiar.

La familia, célula fundamental de la sociedad y garantía de su estabilidad, sufre las crisis que pueden afectar a la sociedad misma.

La obediencia de los hijos a los padres, lleva implícita una actitud responsable de los padres hacia sus hijos. El concepto de maternidad en ocasiones se ve como un retroceso o una limitación de la libertad de la mujer, distorsionando su naturaleza y dignidad. Los hijos no son vistos como un don de Dios, sino como algo contra lo que hay que defenderse.

Los padres, al haber dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, por consiguiente, deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos. “Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón. Las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas sentado en casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” Deuteronomio 6:6-7

Tomado de: BuenavistaVCuba