Hubo una vez un espacio vacío y para llenarse de cosas debió creer en Dios. Sí, porque si las cosas se hubieran creado solas mediante un proceso evolutivo no se hubiera presentado la necesidad de un Creador. Dios mismo, entonces, necesitó que existiera la nada para luego aparecer con su infinita capacidad creadora. El vacío fue el primer público del primer discurso divino. Y cuando el espacio vacío creyó entonces Dios comenzó a crear, es decir, a cumplir su función, porque Dios que no crea mundos no es Dios.

 

El primer discurso divino, en el que comprobó a la nada con argumentos irrefutables la inmensa necesidad de un ser Todopoderoso, comenzó a sacar a la inexistencia del marasmo y conducirlo al mundo de la variedad infinita. La nada aplaudió vehementemente, constituyéndose en la negación perfecta de las masas del líder, de los militantes del Partido y de los creyentes de la Iglesia. El aplauso se sintió como si se hubiese dado en la región encantada de las bananeras, sordo y ecuánime.

 

Dios creó mundos, galaxias y planetas y éstos quedaron sometidos a las leyes que un tal Kepler descubriría miles de años más tarde. Todo era perfeccción y hermosura, gravitación, espacio, materia y tiempo. Y tiempo de sobra fue lo que le quedó a Dios con su obra creadora porque todo lo hizo con su pensamiento. Si hubiese hecho de la génesis de los mundos una obra de laboratorio, untándose los dedos de barro, moldeando y fusionando materiales y ensuciándose la bata, no nos hubiese dado el mal ejemplo del ocio. Y un Dios con tanto poder y tanto tiempo libre debió llegar al momento del clímax al cometer su segundo error; se le ocurrió hacer un ser diferente a los que ya había creado, medio parecido a Él, en un planeta al que mucho después llamarían la Tierra.

 

El hombre y la mujer nacieron cuando el ocio divino fermentaba y hallaron la felicidad en ese ocio cómplice, amándose, siendo felices y alimentándose para volverse a amar. Las cinco parejas creadas y ubicadas en lugares distantes fueron hechos a partir de grafito y madera, sacados de la caja original de colores Prismacolor, la única de 5 colores. En cada parte del planeta se multiplicaron rápidamente y tras embarazos de año y medio, nacían de 10 a 15 hijos bastante sanos y fuertes. A la pareja inicial en cada región la mitificaron y llegaron a ser conocidos como "los primeros padres", sin saber que en otras tierras habían otros a los que llamaban y consideraban de igual manera.

 

El hombre fue esencialmente brillante en sus comienzos y luego se fue volviendo bruto. Esto es fácilmente apreciable cuando comparamos las casas que les hacían los egipcios a los papás, de esas que terminan en punta, con las subsidiadas de interés social, de esas que llaman Tipo 1.

 

La tendencia a los placeres y la búsqueda del poder corrompieron al hombre, quitándole inteligencia, creatividad y memoria. El espiar a las mujeres banándose, el matar al amigo para quedarse con la mujer, los combates por la gloria y el poder, reemplazaron al pastoreo y las tertulias familiares. Algunos acaparando progresaron materialmente, desplazando a otros, pero se llenaron de más defectos. Entre más poseían más defectos tenían y entre más defectos cultivaban, más lograban.

 

Los defectuosos en el poder se propusieron organizar la vida de la sociedad. Lo primero que hubo que establecer era que ellos eran escogidos del mismo Dios y para que la gente no viera la diferencia entre Dios y ellos, comenzaron a llenar a Dios de defectos a través de sus escritos. La gente concluyó entonces que eran representantes del Dios mismo, unidos en carácter y en su misión.

Para aferrarse al poder utilizaron muchas veces la violencia. Textos sagrados comenzaron a aparecer donde describían cómo Dios probaba quien era su verdadero profeta mediante matanzas, se decía que un enviado del mismísimo Dios había visitado el campamento de los asirios y había matado a 185.000, a un profeta calvo lo llamaron no por su cargo sino por su atributo y unos osos mataron a muchos jóvenes por el irrespeto. Al comparar las matanzas promovidas por sus gobernantes con las descritas en los textos sagrados las muchedumbres concluyeron nuevamente que sus líderes al matar estaban cumpliendo la voluntad divina. Textos sagrados hablaban de "matar a los infieles".

 

Teniendo en cuenta los chistes que la gente escuchaba en una parte lejana y luego eran contados de manera adaptada en nuevas regiones, los líderes religiosos comenzaron a copiar historias sagradas de otros pueblos, haciéndoles pequeñas variaciones para sostener su originalidad, apareciendo entonces profetas parecidos, matanzas parecidas, diluvios parecidos, gigantes parecidos.

 

Dios, desde su morada, se quedaba boquiabierto al ver como en este peculiar planeta varios pueblos se autoproclamaban "el pueblo elegido" y muchos se presentaban como "sus mensajeros". Dios consultó en su agenda para comprobar si Él los había mandado porque no se acordaba. A estas alturas, los líderes de la Tierra, llenos de defectos, para asemejarse más al Creador a través de sus escritos, le ponían más y más defectos. Y el resultado fue mayor que lo esperado: No era tanto el efecto en las masas confundidas que, evidentemente, veía tanta identidad entre los líderes, sus acciones y los violentos escritos sagrados que creían ciegamente que eran "enviados de Dios"; Dios mismo comenzó a creer los escritos sagrados y lo demostraba con iras caprichosas, rabietas prolongadas y olvidos preocupantes. Ahora miraba la agenda y no recordaba qué era lo que iba a buscar en ella. Dios se parecía más y más a lo que se decía de Él.

 

Tanta asimilación de violencia entre masas que comprendían y practicaban, líderes que promovían y un Dios que la sentía dentro de su ser, produjeron los capítulos más amargos de la historia humana mediante cruzadas, inquisiciones y "evangelizaciones" humillantes en las que el mundo quedó convencido que tantas matanzas y barbarie eran no solo el reflejo de la voluntad divina sino lo mejor que le hubiese pasado. Los libros de historia todavía no son capaces de llamar como malos, con letras mayúsculas, a los tiranos de la época.

 

El mundo siguió su desarrollo y una oleada de luz y tolerancia se abrió paso con muchos esfuerzos. Producto de ello hoy existen alrededor del mundo templos, sinagogas y monasterios que siguen llenándose de creyentes que esperan encontrarse con Dios, sin percibir que Dios los ha estado visitando por siempre pero cuando están cerrados, fiel a su primer amor con su primer creyente, la nada, el vacío, el espacio donde nada había y que debió ser llenado con la creación divina.

 

A estas alturas Dios e ha estado despojando poco a poco de los defectos que creyó que eran suyos por estar prestando tanta atención a los hombres y en especial a sus líderes religiosos. Pero todavía le quedan algunos y se sabe que no ha recuperado bien la memoria porque se queda mirando el color azul de la caja de Prismacolor y se pregunta si de allí fue que inventó a la pareja de primeros hombres de la Atlántida. Dios espera que la humanidad no insista en acercarse demasiado a Él para no seguirle contagiando de sus defectos como lo hicieron en el pasado. Y cuando termine de despojarse de todos ellos, comenzará a buscar seguidores auténticos pero variados, de todos los colores e interpretaciones, sin pueblos elegidos ni evangelismos mediocres.